|
ESOTERISMO Y SIMBOLO |
|
|
|
|
|
Atalanta Fugiens de Michael Maier: Alquimia, música, imagen. En el estudio y traducción que de Atalanta Fugiens hace Joscelyn Godwin se explica que: Maier tenía un gusto por lo maravilloso, lo arcano, lo misterioso y asombroso, cultivado sin duda en la corte de Rodolfo en Praga, donde el Emperador coleccionaba con avidez en su ‘Kunstkammer’ –uno de los primeros museos– objetos que iban desde medallas y gemas hasta fenómenos y rarezas de historia natural. Pero también era un profundo conocedor y erudito en determinadas cuestiones que se correspondían con sus múltiples intereses. En este sentido podría encarnar el prototipo del sabio renacentista y su obra Atalanta Fugiens da una muestra cumplida de ello. Ella posee en cada uno de los emblemas que la adornan con magníficos grabados, un lema, un epigrama, y una composición musical, concretamente una fuga; y en todo este lenguaje simbólico y criptogramático las artes y los símbolos se corresponden los unos con los otros dejando al lector la posibilidad de ir resolviendo todas estas analogías conjugadas de modo original, dadas las relaciones significativas que se pueden entretejer entre ellas. Sin duda se trata de una obra de Alquimia que se expresa con una terminología que ya ha sido utilizada anteriormente por otros adeptos. Al mismo tiempo los grabados expresan o sugieren ideas extraordinarias y diversas lecturas siempre originales y de una extraña belleza, como es el caso de la enigmática literatura alquímica en general. Antes de su estadía en la corte de Rodolfo II los datos sobre él son vagos, sin embargo se conocen los títulos de algunas de sus obras, como su primer libro Arcana arcanissima (1614)2 donde expresa que los mitos egipcios y griegos son alegorías del trabajo alquímico, es decir, de la labor espiritual efectuada en el athanor del alma con el auxilio de la Ciencia Sagrada. Igualmente, su estudio llamado De circulo physico quadrato Symbola aurea mensae (1616),3 en la que se exponen postulados fundamentales del Arte por medio de doce alquimistas del pasado que lo celebran en torno a una mesa de oro, Tripus aureus (1618) formado por tres tratados recopilados por el autor: The Ordinal of Alchemy de Thomas Norton, Testamentum de John Cramer y Las Doce Claves de Basilio Valentín. Habría que buscar en estos autores las fuentes y gran parte del lenguaje de la alquimia verdadera, que no obstante se renuevan con cada autor, en este caso en M. Maier. En su Silentium post clamores (Francfort 1617) sostiene la autoridad de los Manifiestos Rosacruz y defiende a la Fraternidad de calumnias. Por su parte, Septimana philosophica (1620) es un diálogo de amor que transcurre en seis días y tiene como protagonistas a Hiram, el Rey Salomón y la Reina de Saba. Los grabados extraordinarios de Atalanta Fugiens no están firmados y generalmente se asume que ellos son obra de Mateo Merian, yerno del famoso editor Juan Teodoro de Bry que también interviene en la publicación casi simultánea de las obras más importantes de Fludd. En el pórtico, que publicamos (pág. 237), se narra gráfica y sintéticamente toda la leyenda, donde figuran Aegle y Aretusa, el monstruo, Hespertusa (las tres Hespérides, moradoras del famoso Jardín, hijas de Atlas).4 Venus e Hipómenes, éste y Atalanta, el templo y los esposos felices después de la aventura, –lo que nos recuerda a Hypnerotomachia Poliphili– el león macho y hembra, y Hércules. Son cincuenta grabados, lemas, epigramas y fugas musicales los que conforman el Atalanta Fugiens creado a partir de las Metamorfosis (X, 560-708) de Ovidio inspiradas en la mitología griega. Esta narración sintetizada nos describe el hecho de que Atalanta, mujer enormemente veloz en sus recorridos, apostó con Hipómenes arreglando una carrera tras la que, en caso de perderla, respectivamente ella debiera casarse y él ser sacrificado. Entonces Hipómenes concibió la idea de engañar a Atalanta llevando tres manzanas de oro que iría arrojando en el camino, cosa que realizó, mientras ella cayendo en su trampa se detenía a recogerlas. Finalmente la figura masculina gana la apuesta y con ello salva su vida a la par que la mujer debe casarse con el ganador, cosa que Atalanta no deseaba y con la que no contaba. La obra narra mediante esta batería de estímulos y mensajes, las aventuras del alma en pos del Conocimiento y los avatares a que se encuentra sometida por ello. El alquimista del Renacimiento trabaja con sus manos y representa en su laboratorio una escenificación de las distintas operaciones que las transmutaciones de los minerales simbolizan; que él manipula, y que se hallan además íntimamente relacionadas con estados de su conciencia; o sea, ubicadas en el plano intermediario de su alma, ya fuese en su aspecto más grosero o el más sutil. Y que se reflejan en pequeño en formas de la cosmogonía y la teogonía en virtud de la correspondencia entre el micro y el macrocosmos. Estas cincuenta estaciones del libro de Maier ejemplifican distintos estados de conciencia que recorre el alma en esa vía cuyo premio es el Conocimiento. Y debe buscarse constantemente en ellas la coniunctio oppossitorum, el solve (disolver) y coagula (coagular) como ley general de todas las operaciones en el laboratorio del alma. Es decir, dentro de nosotros mismos que pasamos a nuestra vez a considerarnos como tubos de ensayo, experimentos de la creación, aún inacabada, y en la que como seres humanos jugamos un importantísimo papel. En el gabinete alquímico de la mente se cuecen todos los humores y posibilidades de nuestra especie. Conocer las últimas verdades, o ser un hombre nuevo, supone la transmutación de lo fijo a lo volátil y de lo volátil a lo fijo. Vale ahora copiar los epigramas latinos de los diez primeros emblemata:5 Emblema I.- Si el embrión que está encerrado en el ventoso Emblema II.- Se dice que Rómulo estrujó las ásperas ubres de una Emblema III.- Tú que gustas de escrutar los arcanos ocultos, Emblema IV.- No habría ahora en el mundo tal cantidad de Emblema V.- Póngase en un pecho femenino un gélido sapo, Como se verá el lenguaje es típicamente alquímico, una combinación de enigmas y símbolos que suponen un discurso previo, aunque ignoto a simple vista, con expresiones tan curiosas como el del Emblema XXXVII que dice: Tres son las bases del magisterio: agua fétida Sin duda poética, la expresión de estos textos necesita de un código para ser desvelada. Tal situación pertenece a la naturaleza misma del símbolo, que debe ser enseñado y aprendido para que se lo pueda valorizar en su justo lugar y su energía-fuerza se haga actuante. Presentamos ahora la traducción de los siguientes cinco epigramas, igualmente en orden sucesivo: Emblema VI.- Los campesinos arrojan sus semillas a la tierra Emblema VII.- El ave de Júpiter había construido en un peñasco Emblema VIII.- Hay un ave en el mundo superior a todas: Emblema IX.- Hay en el huerto de la Sabiduría un árbol Emblema X.- Toda máquina del mundo pende de esta cadena: Tal como vemos, el misterio “de una cosa única” se hace presente no más recorrer la literatura esotérica de los textos. Daremos otro ejemplo transcribiendo seguidamente los lemas 10 al 20 que se encuentran en la parte superior de los grabados: Lema 10.- Da fuego al fuego, Mercurio a Mercurio: eso te bastará.
Y del 21 al 29 en otra traducción:6 Lema 21.- Traza un círculo a partir de un hombre y una mujer, luego un cuadrado, después un triángulo; traza finalmente un círculo y tendrás la Piedra Filosofal. Hemos incluido una serie de grabados (emblemata) de la obra, de tal interés, y tan sorprendentes o paradójicos, como sólo puede observarse en otros pocos libros del género. Tal vez, como se suele pensar el aspecto visual es el más importante en La Fuga al punto que Joscelyn Godwin cree ver con toda razón en las figuras, sus símbolos, sus poses, quehaceres, etc. las láminas de un tratado de la memoria, pues ese es precisamente el tipo de ejercicio asociativo que se recomienda en esos tratados.7 Debemos mencionar aquí en ese sentido varios otros juegos de láminas muy probablemente emparentados con el arte de la memoria como son los distintos tarocchi italianos de la época, y sus significados, entre los que son los más conocidos los florentinos y el Visconti-Sforza de Milán (mitad s. XV), –y el más autorizado, el mazo francés llamado Tarot de Marsella desde esa época vinculado con el Arbol de la Vida Sephirótico de la Cábala judía y sus tres niveles, dentro de una sociedad prioritariamente cristiana. Igualmente las distintas colecciones de emblemata, –que tienen un antecedente en los Hieroglyphica de Horapolo–8 género que se cultivó en ese periodo y que llegó a ser propio de la época y muy difundido en ella, el cual ha desembocado en el mundo moderno en diferentes formas, como la fotonovela, el tebeo y los audiovisuales. Por cierto que estos emblemata no podrían haberse puesto de moda sin su gran difusión y el concurso de la imprenta.9
Refiriéndonos a la parte musical de Atalanta Fugiens nada mejor que entregar la palabra a Joscelyn Godwin,10 un músico, que la ha traducido del latín y editado en lengua inglesa. Las tres voces presentes en cada fuga, relacionadas con Mercurio, Azufre y Sal en Alquimia, son según él: 1. Atalanta fugiens = Atalanta fugitiva. Y subraya: Con respecto a las fugas, Maier escribe: “Tal como Atalanta huye, así una voz repetidamente se escapa, y es seguida por otra como si fuera por Hipómenes. En la tercera voz, las otras se estabilizan y sujetan. Esta ultima es simple y suena con notas cualitativamente constantes como la manzana de oro”. Acerca de la tercera voz nos dice igualmente Godwin: La voz de la Manzana de Oro (= Pomum morans) es, por así decir, un principio básico invariable y estabilizador que mantiene unidos los opuestos en conflicto, y al mismo tiempo es el iniciador de todo nuevo proceso musical; ya que la voz de la Manzana de Oro siempre está presente al comienzo de las fugas, nunca entra después de otra voz. Pero no sólo nos describe a lo largo de su estudio preliminar la música de Maier, sino que acompaña su edición con una cassette de las propias fugas; estas, que siguiendo el diseño de la obra se observan siempre en relación con los epigramas y grabados y no independientemente, son más bien intelectuales y parecen no haber sido especialmente diseñadas para ser ejecutadas, sino como ejemplos musicales para ser leídos al mismo tiempo que Atalanta. Y Godwin agrega: La forma de la fuga a tres voces es una de las mejores analogías que Maier podía haber escogido para su objetivo. |
próximamente: XI. Otras utopías renacentistas: Robert Fludd: El Sello de la Utopía |
| NOTAS | |
| 1 | Autor de La Mónada Hieroglífica (1564) y un estudio introductorio –casi un libro– sobre los Elementos de Euclides. |
| 2 | Publicada en Londres. Ver S. Klossowski de Rola, El Juego Aureo. Siruela, Madrid 1988. |
| 3 | Símbolos de la mesa áurea de las doce naciones. Es decir, la fiesta Hermética o de Mercurio celebrada conjuntamente… |
| 4 | La obtención de las manzanas de dicho Jardín constituyó el duodécimo trabajo de Hércules. Según Diodoro las Hespérides son siete, llamadas Atlántidas; conocidas a nivel celeste como las Pléyades. |
| 5 | Traducción de Pilar Pedraza en S. Sebastián, La Fuga de Atalanta de Michael Maier. Ediciones Tuero, Madrid 1989. |
| 6 | De la edición incluida en S. Klossowski de Rola, El Juego Aureo, obra citada. Traducción J. Antonio Torres Almodóvar. |
| 7 | Como dato de interés destacaremos el primer tratado americano de la memoria, de 1579: Rethorica Christiana, de Fray Diego Valadés. F.C.E., México 1989. Ver también René Taylor: El Arte de la Memoria en el Nuevo Mundo. Swan, S. Lorenzo del Escorial, Madrid. |
| 8 | Obra curiosísima del s. V, con 189 ilustraciones, escrita originalmente en copto por Horapolo del Nilo y traducida al griego, describe los jeroglíficos-ideogramas egipcios en 102 de los grabados; se trata de otra obra de la baja antigüedad clásica, a la que toma el Renacimiento como modelo y le da carácter hasta nuestros días. Es, como puede pensarse, un libro pagano, único en su género, que sirvió de inspiración no sólo al Emblemata de Alciato (1522, dedicado al duque Maximiliano Sforza), sino a Hyeroglyphica de Piero Valeriano (Basilea, 1556), a Iconología de Cesare Ripa (Roma 1593), y tal vez a la misma Hypnerotomachia Poliphili (1499) en la que como vimos también son representados jeroglíficos egipcios que se trata de descifrar. Es muy curioso que la obra se hubiera descubierto en los comienzos del s. XV (el libro circuló en distintos países de modo manuscrito antes de su primera edición en 1505): ¿quién es Cristóforo Buondelmonte que la compra en la isla de Andros en 1416 y la lleva a Florencia? ¿por qué en esa isla? Muchas cosas llamativas se entretejen en el Renacimiento, de tipo mágico-hermético, en relación con Marsilio Ficino y sus compañeros de la ciudad celeste, como proyección hacia el futuro de la antigüedad clásica y de su antecedente cultural, la civilización egipcia. Ver Alciato, Emblemata (Editora Nacional, Madrid 1975); Cesare Ripa, Iconología (Ed. Akal, 2 tomos, Madrid 1996), y Horapolo, Hieroglyphica (id., Madrid 1991: primera edición en castellano de la obra, a cargo de Jesús M. González de Zárate). Recordando que para Ficino, Hermes Trismegisto al que con razón creía egipcio, era el mayor de los sabios. |
| 9 | Que colabora naturalmente a la difusión de las obras alquímicas; hay colecciones que presentan tres de ellas, ocho, o cinco como la recopilación de Ashmole, etc. (p. ej. Ars chemica 1566, Artis chemicae principes 1572, Artis auriferae 1593, Theatrum chemicum 1602, Musaeum hermeticum 1625, íd. reformatum et amplificatum 1677, con diez escritos) así como en el libro ya citado de K. de Rola El Juego Áureo, se dan cuenta de 38 obras del s. XVII. Son verdaderamente cientos los tratados de alquimia existentes en el catálogo de la biblioteca de James Young of Kelly (1811-83) realizado por John Ferguson (Bibliotheca Chemica, Kessinger Publ. Co., Kila MT, U.S.A.) así como en la obra de Jacques Van Lennep, Alchimie (Dervy Livres, París 1985); ver también el Apéndice IV de Hermetismo y Masonería, obra citada. A título de curiosidad, queremos destacar entre estos textos la novela alquímica de Claude Barthélemy Morisot, Peruviana, donde Enrique IV de Francia, protector de la alquimia, encarna el papel del Inca Manco Capac y María de Médicis el de Coya, prototipos de la pareja alquímica de cuya boda nacía el oro del Perú (Van Lennep, obra citada). |
| 10 | Michael Maier’s Atalanta Fugiens. An Edition of the Emblems, Fugues and Epigrams. Phanes Press, Grand Rapids MI, USA 1989. |
|
Indice |
Home page |