PRESENCIA VIVA DE LA CABALA II
LA CABALA CRISTIANA

FEDERICO GONZALEZ - MIREIA VALLS

CAPITULO VII
LA CABALA EN FRANCIA

Jacques Gaffarel (1601-1681)
Gaffarel no tuvo reparos en hablar directamente de la Cábala y en defenderla ante los ataques que recibía por parte del fundamentalismo católico.501 Lo hizo con convencimiento y valentía, actitud habitual en todo aquél que ha experimentado certezas interiores y que ha vivido la presencia del Misterio que ninguna voz humana puede refutar. Oigamos sus francas palabras:
Pueden ladrar cuanto quieran, como perros furiosos, cada vez que se encuentren frente a un secreto inaccesible a su entendimiento. Pueden echar su rabia impotente sobre todo aquello que ignoran, sobre las verdades sublimes, profundas, divinas, a las que atacan. Se parecen a las cabras, siempre febriles, según la expresión de Varron, que corrompen todo lo que tocan con su maloliente aliento.
Nosotros, rechazando este veneno gracias a un antídoto celeste, remedio soberano, expondremos los Arcanos tal como los sabios nos los han transmitido, y hablaremos de estos misterios, pero con un lenguaje místico, para protegerlos.
¿A qué trabajo más noble, más justo, más útil para nuestra fe, podría consagrar mis esfuerzos, sino a éste, cuyo objetivo es hacer accesibles todos estos misterios relativos a la madera de vida, la revelación que, según los cabalistas, fue hecha directamente por un ángel?502
Y siempre con este firme propósito escribió varios tratados en los que se refiere a la santa ciencia cabalística. Para empezar, el recién citado Abdita divinae cabalae mysteria contra sophistarum logomachiam defensa (1625), y una traducción de la obra de Eliha ben David titulada Yom YHVH, Dies Domini (1629). Secret503 hace referencia a una lista de títulos confeccionada por el bibliotecario de la Vaticana, Leon Allaci, atribuidos al sabio francés: Criba cabalística o juicio sobre la Cábala; Arte nueva y muy fácil para leer los rabbinos sin puntos vocálicos; De la maravillosa música de los hebreos; Tres centurias sobre los vocablos envejecidos del Antiguo Testamento; Cuestión hebraico-filosófica para saber si el mar era salado desde el principio; La Caribdis hebraico-turca o refutación de los principios orientales acerca de la predestinación; La metempsicosis o la transmigración de las almas; Docta disertación compuesta por Rabbi Samuel bar Abraham; Bibliografía iátrico-hebraica; Conclusiones demoníacas según la opinión de los hebreos; Cadena hebraica sobre todos los libros del Antiguo Testamento; Seleinomancia o adivinación por medio de la luna según la opinión de los hebreos; Anuncio a los doctos referente a la necesidad de las lenguas orientales; Juicio de todo lo que los judíos y árabes han escrito de curioso desde hace mil años hasta ahora. También escribió Curiosités inouyés sur la sculpture talismanique des Persans y Horoscope des Patriarches et lecture des étoilles (1632 o 1637).
Además, su interés por la literatura hebraica le llevó a publicar una descripción de los manuscritos usados por Pico de la Mirandola (1651), según refiere la entrada de la Encyclopaedia Judaica dedicada a este autor, y también F. Secret,504 que apunta:
Richelieu le envió a Italia para comprar manuscritos orientales. De allí trajo el famoso Indice de los manuscritos de Pico de la Mirándola, junto con 'manuscritos hebreos y sirio-caldeos, tristes reliquias salvadas del incendio de Mantua', de los cuales tradujo un libro de medicina, como dice en el prefacio a su edición de los libros de medicina de Campanella.
En las dos páginas del libro Alchemy of the Word. Cabala of the Renaissance505 que Beitchman dedica a Gaffarel, el universitario sirve una polémica sobre la Cábala cristiana representada por el autor que estamos tratando, que nos recuerda la que generó Casaubon con la datación de los textos del Corpus Hermeticum, lo que como ya hemos estudiado en el capítulo tercero de nuestra obra supuso su desprestigio.506 Aquí todo viene a raíz de los manuscritos judíos que adquirió Pico y en los que apoyó sus estudios cabalísticos (aunque ya vimos que éstos no fueron su único soporte), textos que luego estudiaría Gaffarel, entre los que se incluían comentarios de Menahem de Recanati.507 Beitchman señala que según Blau, este autor del siglo XIII-XIV empleó una versión simplificada del Zohar, y esto le vale para asegurar que el sustento de la Cábala cristiana, de la que Gaffarel es representante en su tiempo, es superficial. Por contra, Waite sí ve los manuscritos de Pico como extraídos directamente del Libro del Esplendor. Pero en cualquier caso, son muchos los eruditos contemporáneos que parecen desconocer las formas de actualización de la Tradición, y que la fuente original de su mensaje no es algo datable cronológicamente, sino una realidad vertical, invisible y eterna que se actualiza permanentemente con las recreaciones de sus sabios e iniciados; y por supuesto, nunca se trata de la repetición muerta de un hipotético texto original que es el único dado por auténtico. Esto lo comprendió muy bien Gaffarel, que en referencia a la gracia otorgada a Adán en el Paraíso, afirma:
Y, después de haber demostrado que todos los nombres fueron dados por Adán según la naturaleza misma de los seres a los que se aplicaban, Eusebio añade:
¿Por qué insistir y amasar pruebas y pruebas, ya que está demostrado que, entre los hebreos, cada cosa ha recibido la denominación que más le convenía, aquella que se refería mejor a su naturaleza?
Así se expresa este sabio Padre de la Iglesia.
La mayor parte de los autores antiguos, tanto hebreos como griegos, han profesado abiertamente una opinión idéntica. Esta se encuentra también en el Zohar, obra de una profundidad insondable.
Los Rabinos, Platón (en su Cratilo), Plotino, Jámblico, José, el autor de la paráfrasis caldea, y Orígenes la han compartido. Finalmente, entre todos estos padres y célebres escritores, el muy erudito Genebrardus, por su parte, afirma en su Cronología, fol. 21:
Adán –dice–, por orden de Dios, impuso su nombre a todas las cosas, no según su forma exterior, sino según la naturaleza de cada una de ellas.508
La visión quirúrgica, exotérica, fragmentaria y siempre distante de la investigación moderna es uno de los principales impedimentos para despertar al punto de vista esotérico, y por tanto interno y universal, en el que nos ubica la Cábala o cualquier otra forma iniciática. Y de lo que se trata en definitiva es de la libre elección del ser humano de optar por uno u otro camino, esclavizante el primero, y verdaderamente liberador el segundo. Gaffarel, al igual que todos los sabios que nos vienen acompañando, repite hasta la saciedad la idea fundamental de que el universo es un canto único y repleto de misteriosas vibraciones que no hacen sino velar y revelar la Inteligencia que las ordena, y aun la Sabiduría que las concibe; un extraordinario verso que pone notas y sones al Silencio rotundo del No Ser. El optó por afiliarse a esta perspectiva, por ello, reseguiremos algunas de sus vigorosas enseñanzas.
En el prólogo a la edición castellana de Profundos misterios de la Cábala divina, Juli Peradejordi hace una breve síntesis del Arte cabalístico, preludio de lo que luego nos revelará el cabalista cristiano del siglo XVII, empezando con estas palabras:
La Kábbala cristiana, considerada desde su intimidad, es un sereno canto a Dios, un lírico poema al creador, tímidamente pronunciado por unos hombres que supieron intuir la profundidad esotérica oculta tras la letra de las Escrituras judeocristianas.
Un canto al Dios incognoscible y abscóndito que susurra al hombre un mensaje de amor a través de los signos de su Escritura y de los símbolos de su creación, sus dos espejos, los dos ojos por los que se deja ver.
Un homenaje al Dios de los días y de los hombres que desea más que ellos la salvación eterna de sus hijos, creados para la luz, el amor y la inmortalidad.
Un poema dirigido por la criatura a su Creador, alabando sus excelsidades y escudriñando los arcanos de su Vida.
Un intento de penetración en la profundidad sagrada del texto bíblico donde yace su secreto, el secreto mágico de la Palabra, de Dios y del Hombre.
Considerándola desde un punto de vista externo, ajeno a su intimidad, pero conforme a esa convención a la que se ha dado el nombre de "historia", la Kábbala cristiana fue un movimiento renacentista inspirado por la Kábbala judaica.
Pero ¿qué es la Kábbala? ¿Qué suponía esta palabra para un judío?
La denominación de Kábbala procede de un término hebreo, kab­balah, que significa "tradición" o, más exactamente, "recepción de un don". (pág. 5-6).
Y en otro momento, aporta un pequeño apunte biográfico sobre nuestro personaje:
Gaffarel nació en Mannes en Provenza y se doctoró en derecho canónico en 1626. Fue bibliotecario y protegido del cardenal Armando de Richelieu y, más tarde, capellán del Rey.
En Profundos misterios de la Cabala divina, Gaffarel manifiesta una cierta erudición, así como unas enormes ganas de convencer. Probablemente Richelieu había depositado en él su confianza para que le ayudara a realizar su sueño ecuménico. (pág. 46).
Pero dejemos ahora que vayan fluyendo algunos de los pensamientos del cabalista francés, que debidamente interiorizados, pueden ir abriendo nuevas puertas al interesado en mantener vivo este legado:
En efecto, la Cábala, en el sentido más amplio de esta palabra, no es sino la explicación mística de las Escrituras, explicación que fue transmitida antes y después de la llegada de Cristo, nuestro Salvador. No me sería difícil demostrar que gracias a ella algunos puntos que aún hoy en día son objeto de controversia pueden aclararse con facilidad.
Pero me parece ver que algunos de los actuales despreciadores de la Alta Ciencia, que creen haber adquirido conocimientos suficientes (o al menos haberlo intentado) para declararle la guerra eterna; me parece, digo, ver a estos impostores o escuchar sus divagaciones, ver los argumentos gracias a los cuales refutan, rechazan e intentan destruir la tradición de los Rabinos y las enseñanzas de la Cábala, como manchados por el fermento de una condenable superstición.
Por ello he creído útil, trazando el plan de esta obra, exponer al principio las bases sobre las cuales se apoya la ciencia de los Rabinos y la de los Cabalistas, que sus adversarios califican de diabólicas; después refutaré los argumentos de sus detractores. (pág. 56).
Sigue con una enumeración de autores judíos y cristianos que secundan la tradición, cada cual con su particular forma de decir, para anotar a continuación que:
Después de estos célebres autores, cuya opinión acabamos de exponer, todos los rabinos o cabalistas que han intentado penetrar los misterios sagrados de esta tradición augusta de la Cábala o cabalística afirman, como ya hemos dicho, que además de la ley escrita existe otra enseñanza secreta a la que llaman Cábala, del verbo hebreo kibbel, (קבל) que significa recibir. Y definen así esta recepción o Cábala: la Cábala es la transmisión simbólica de la revelación divina que, para nuestra salvación, nos permite contemplar a Dios y a las formas separadas. (pág. 64).
Con esto ya vemos que de la Cábala se puede hablar "desde fuera" o "desde adentro", y eso es lo que de diversos modos estamos intentando reflejar en nuestro estudio; por un lado, las posturas distantes y externas de religiosos, eruditos, universitarios y oficialidad varia, heredera de una mentalidad profana que está cortando los últimos hilos que vinculan al filón de la Tradición. Y por otra parte, las decisiones de esos seres que se han lanzado a la piscina y se han puesto a nadar a través de las aguas purificadoras y regeneradoras que de la Sabiduría manan y a ella retornan. Aguas que para empezar hacen morir al "hombre viejo" con el que uno emprende la travesía y, poco a poco, con su inagotable caudal nutricio, ayudan a crecer al "hombre nuevo", asistido por los vehículos sagrados, que siempre conducirán, entre las luces y las sombras, al puerto final, visualizado ya sea como el Paraíso, la Ciudad Celeste o el Santo Palacio. Y al decir de Gaffarel, esto es justamente lo que promueve la Cábala:
Eleva el Espíritu hasta las alturas más sublimes; conduce al hombre de las cosas mortales y pasajeras hasta la percepción de los misterios divinos, lo hace virtuoso, lo guía con seguridad por el camino de la sabiduría. (pág. 113).
Y lo afirma sin ninguna duda:
De todos los beneficios, incluso los mayores, que Dios buenísimo y todopoderoso ha concedido a los hombres, estimo que nada hay más precioso que el conocimiento de los medios seguros, probados e inmutables, que permiten llegar a la patria celeste, objeto de nuestros deseos.
Gracias a ellos, ardiendo de amor divino, languideciendo de amor, diría con la esposa, se llega, por una feliz evolución, hasta este amor bendito, eterno, que no es sino Dios mismo.
Por esta razón, los apóstoles afirman que la Santa Escritura inspirada por Dios nos ha sido transmitida como el camino seguro, como el camino directo que puede llevarnos a la salvación.
Gracias a ella discernimos claramente la inmutable voluntad divina. Discerniéndola, la observamos; observándola, la amamos, y amándola, aseguramos nuestra felicidad. (pág. 51-52).
Agregaremos unas palabras en las que expone con nitidez el método con el que opera el cabalista, análogo al de otras formas tradicionales, pues es siempre el símbolo el promotor del pensamiento analógico que asciende la sutil escala de la conciencia:
Sí, en efecto, no hay que tomar cándidamente al pie de la letra las ficciones poéticas imaginadas en interés de la humanidad, sino que hay que escrutar, hay que examinar cuidadosamente, hay que interpretar sin negligencia, minuciosamente, los libros misteriosos, simbólicos de la Cábala, ya que éstos, como lo ha establecido con exactitud Galatinus, pueden proyectar una luz deslumbrante a propósito del sentido oculto de la Santa Escritura. Este sistema de enseñanza de los cabalistas ofrece grandes ventajas. Para empezar, utiliza imágenes sensibles, que pueden ser captadas tanto por los ignorantes como por los sabios. Por ejemplo esta parábola: "Un hombre salió para sembrar su campo". Todo el mundo sabe qué es una semilla y lo que producirá.
Segundo, este tipo de relatos se memorizan con facilidad; una parábola se fija en la memoria más rebelde.
Tercero, las ideas cuyo punto de partida es una sensación, una historia que choca a nuestra imaginación, imprimen con más facilidad un símbolo en nuestro cerebro.
Cuarto, es un proceso muy precioso para el pensamiento, a causa de la relación secreta, conforme a las leyes del pensamiento, que une la parábola a la cosa espiritual a la que simboliza. San Pablo, cuya doctrina está conforme a la de los cabalistas dice:
Los misterios de Dios, desde la creación del mundo, pueden leerse intelectualmente en las cosas creadas. (pág. 119-120).
Y aún un pensamiento que nos ha sugerido la lectura de este libro de Gaffarel: los enemigos, en esta aventura del Conocimiento, son muchos y de muy diversa índole. Pero los más temibles y peligrosos son los internos; esas fijaciones, manías u obsesiones de la mente, e incluso aquello que se reviste como de bueno, a lo cual uno se aferra por miedo a quedarse sin nada. Estos son los principales escollos a combatir, con suma destreza e invocando la fuerza de la Inteligencia, pues es sólo en el absoluto vacío donde reside la plenitud de todas las posibilidades.
Para terminar con Gaffarel y la Cábala en Francia, que con más o menos fortuna y dificultades se siguió transmitiendo en los siglos posteriores hasta la actualidad a través de diversos autores –algunos pertenecientes al llamado ocultismo, como Eliphas Levi, y otros bien católicos como Paul Vulliaud–509 nos sumamos a las palabras finales de su libro:
Mientras tanto, que nos dejen en paz, él y todos aquellos que se han ensañado con la ciencia cabalística. Que nos dejen en paz, digo, y que intenten volver a la mentalidad más sana. Pero lo que deseo por encima de todo es que sean felices, que gocen de la luz durante la eternidad todos aquellos que han percibido la luz a través de la tradición; éstos aprobarán y confirmarán mi juicio sobre la Cábala. (pág. 123).


NOTAS
501
502 Jacobo Gaffarel, Profundos misterios de la Cábala divina. Introducción, traducción y notas de Juli Peradejordi. Ed. Sirio, Málaga, 2005, pág. 81.
503 Ver La Kabbala cristiana del Renacimiento, op. cit., pág. 376-377.
504 La Kabbala cristiana del Renacimiento, op. cit., pág. 376.
505 Ibid., pág. 143-144.
506 Ver pág. 99 de nuestro libro.
507 Los Recanati son una familia oriunda de España que emigró a Italia. Las obras de Menahen b. de Recanati son citadas por muchos de los cabalistas renacentistas, y aún posteriores. La entrada correspondiente a este autor en la Encyclopaedia Judaica firmada por Efraim Gottlieb dice: "(finales del s. XIII-principios del s. XIV), cabalista italiano y autoridad halákica. No se dispone de ninguna información sobre la vida de Recanati, aunque según la tradición familiar mencionada en Shalshelet ha-Kabbalah, era un hombre ignorante que se llenó milagrosamente de sabiduría y comprensión. (…) Escribió tres obras cabalísticas: Perush al ha-Torah (Venecia, 1523); Ta’amei ha-Mitzvot (Constantinopla, 1544); y Perush ha-Tefillot (ibid., 1544); y una obra halákica, Piskei Halakhot (Bolonia, 1538). (…) Según Recanati, las Sefirot no son la esencia de Dios sino recubrimientos en los que Dios se envuelve a Sí mismo e instrumentos por medio de los cuales actúa. Este extracto entero es citado por Judah Hayyat en su comentario al Ma’arekhet ha-Elohut, y otros cabalistas del siglo XVI (especialmente Isaac Mor Hayyim, Elhanan Sagi Nahor, Solomon Alkabez y Moisés Cordovero) se refieren a las opiniones de Recanati en sus discusiones acerca de esta cuestión. Incluso los que se oponían a su teoría se referían a él con admiración y respeto, con la excepción de David Messner León, quien lo ataca ásperamente en Magen David (MS Montefiore 290). (…) Gracias a él se han preservado las doctrinas de muchos cabalistas cuyos escritos son desconocidos. Empleó muchas fuentes, que habitualmente no menciona por su nombre, y está en deuda especialmente con Nahmanides, a quien se refiere como 'el gran rabbi'. Otro cabalista que menciona con frecuencia es R. Ezra (cuyo nombre es sustituido por el de R. Azriel en ocasiones), e hizo uso de los escritos de Jacob b. Sheshet Gerondi, Asher b. David, Joseph Gikatilla, y Moses b. Shem Tov de León".
508 Profundos misterios…, op. cit., pág. 81. Ver pág. 39 donde están citadas sus obras.
509 Ver pág. 39 donde están citadas sus obras.