PRESENCIA VIVA DE LA CABALA II
LA CABALA CRISTIANA

FEDERICO GONZALEZ - MIREIA VALLS

CAPITULO VII
LA CABALA EN FRANCIA


Guy y Nicolás Le Fèvre de la Boderie



Retrato de Guy Le Fèvre de la Boderie que figura en su libro.
Encyclie. Amberes, 1750.

Estos dos hermanos recibieron una clara influencia del pensamiento de Postel. De hecho, el mayor, Guy, es su discípulo elegido y siempre secundará y no dejará de acreditar en las enseñanzas de su maestro, aun y las fuertes recriminaciones de que fueron objeto. Normandos de nacimiento, estudiaron en París, y dada la diferencia de edad entre ambos se puede decir que Nicolás fue alumno de su hermano mayor, del cual han quedado muchas más referencias que del pequeño. En la introducción a la reciente edición de Diverses meslanges poetiques,481 de Guy, Rosanna Gorris explica:

Este recorrido a través de la Francia mágica y oculta del s. XVI nos ha permitido reencontrar a Guy Le Fèvre de la Boderie. Este poeta, que vivió el fin de los Valois, tiempos de crisis y angustia por una nación destruida por las guerras de religión, nos ha parecido que expresa las contradicciones de su época; es de alguna manera el portavoz de los sueños de un Renacimiento todavía orgulloso de sus maravillosos logros, pero sufriendo ya las inquietudes manieristas.

La poesía de Guy, "verdadera diadema de extrañeza", brilla entre esas tinieblas; encierra en su "gabinete de pedrerías" las creencias proféticas y visionarias, las especulaciones filosóficas en las que se cumple la esperanza que Guy y sus contemporáneos alimentaban de una renovatio que sería restitutio de una Edad de Oro, donde la Virgen Astrea aún no habría abandonado el mundo infeliz de los hombres.

Este poeta ignorado por mucho tiempo, incluso menospreciado o estudiado como un "espíritu curioso" y "sin malicia", una "rata de biblioteca", un "eterno escolar", tiene todo el derecho de abandonar su purgatorio al que el hermetismo de sus versos lo había exiliado.

Pero otra de sus dedicaciones principales, al igual que la de Nicolás, fue la traducción de textos y libros del latín y otras lenguas al francés, lo que nos interesa empezar destacando en este acápite. Pues la labor de traducir no es una cuestión mecánica, sino otra de las importantes funciones atribuidas a Hermes-Henoch, cuyo mensaje universal, expresado a través del símbolo, se adapta a las circunstancias de tiempo y espacio, dando lugar entonces a las distintas lenguas con las que los dioses se comunican con los hombres y viceversa. O sea, el lenguaje como un puente entre lo innombrable que es el origen de todo lo nombrado y la creación entera, vista entonces como el libro en el que ese misterio se revela y manifiesta; o también la lengua viva que hace inteligible ciertas posibilidades de lo ininteligible. Esto en sentido amplio, mas luego están las acomodaciones a que nos referíamos, que amoldan ese mensaje inmutable al momento histórico, la geografía, la naturaleza de los seres, etc., dando lugar al nacimiento de las lenguas sagradas, entre las cuales, aquí en Occidente, la hebrea, que como hemos visto tantos sabios del Renacimiento tuvieron interés en conocer y estudiar, no sólo desde un punto de vista erudito, sino sobre todo por el reconocimiento de su filiación directa al lenguaje primordial, del cual nos hablan todas las tradiciones.

En la cultura judeo-cristiana la denominan lengua Adámica; es aquella que empleaban los hombres en el Paraíso antes de la caída para comunicarse con las entidades invisibles que pueblan el mundo del alma, ámbito intermediario y cohesionador entre el cuerpo y el plano inmutable del Espíritu que es origen de todo. Con el transcurrir del ciclo cósmico, ese código universal arquetípico sigue siendo la esencia de todas las lenguas derivadas de la primordial, pero se va haciendo de más difícil acceso, no porque se esconda, sino porque se van olvidando las claves para descifrarlo, o sea, que el ser humano va dejando de lado el pensamiento analógico-simpático y sintético con el que se lo aprehende y se torna cada vez más literal, dual y analítico.

De hecho, una de las labores de los hombres de conocimiento es mantener vivo y palpitante ese lenguaje original, es decir, que estos iniciados actúan como sus traductores e intérpretes, dando las claves para comprenderlo. Y esto es lo nuclear de la tarea del traductor: al identificarse con la esencia del mensaje universal es capaz de transmitirlo de una forma inteligible, de adaptarlo a tal o cual lengua, no sólo porque domina los distintos vocabularios y gramáticas, sino principalmente porque entiende lo central de su enseñanza.

Además, queremos señalar que en el Renacimiento ya se dio la paradoja que hoy vivimos en extremo, y es que, por un lado, cada vez era más difícil el acceso y comprensión del meollo de la tradición debido al olvido creciente de esa lectura simbólica y esotérica, pero por el otro lado, afloraron por toda Europa las expresiones de las distintas ramas tradicionales que han nutrido su cultura, tal la aportación greco-latina, la hebrea, caldea, celta, etc. Y esto nos llama la atención en la labor de Guy Le Fèvre: que supo comprender la feliz oportunidad que se le brindaba al cada vez más ofuscado ser humano occidental de manejar gran cantidad de documentación con la que poder realizar una síntesis doctrinal y promover así un enderezamiento intelectual. Según sus lúcidas palabras.482

Muchas veces, considerando en mí mismo, por una parte, cuánto abunda el presente siglo en felicidad por el conocimiento de todas las buenas artes, todas las lenguas y disciplinas, y por otra parte viendo cómo cada día surgen y abundan sectas y herejías nuevas, o al menos renovadas y como remendadas, no puedo pensar más que aquí se da el último y más áspero combate de la Eterna y divina Sabiduría contra el espíritu de la mentira y el error. Pues quien quiera considerar ecuánimemente y sin pasión de qué tesoros y riqueza de espíritu –constituida por el conocimiento de las letras– se halla ahora ornada esta parte de Occidente, confesará, como yo lo estimo, que hoy no sólo disponemos de los restos de los Latinos y los Griegos –que fueron las dos últimas monarquías permisivas–, sino también de los Persas, Arabes, Caldeos, Egipcios y Hebreos… de manera que parece que la Sabiduría suprema haya abierto todos sus tesoros y sagrados gabinetes, incluso si me permite decirlo así, haya retirado la piedra sellada de siete sellos ante la fuente suprema que se expande en cuatro ríos y que riega con delicias espirituales el Paraíso que está por encima del mundo, por la cual, así como por medio de canales, las aguas vivas discurren hasta los habitantes de esta tierra baja…

De ahí se comprende que para poder realizar esta labor revitalizadora, muchos de esos sabios se pusieran a traducir a las lenguas romances todos los libros sapienciales hebreos, latinos o griegos que caían en sus manos o que iban a buscar con gran interés en sus viajes, cual lo realizado por Postel, dando así un nuevo empuje a la difusión de las ideas, acercándolas de este modo a los interesados e interesadas en el conocimiento interior y espiritual, y haciéndoselo accesible. En la traducción que realizó del voluminoso trabajo de Giorgi, Harmonia Mundi, y que dedicó al señor Des Prez,483 capitán de los Infantes de París, Guy dice en el prefacio:

He aquí, Señor, una especie de breve sumario y recopilación de lo que está tratado en esta obra claramente y de manera más extensa, la cual cayó en mis manos a mi regreso de Flandes, después de la impresión de las grandes Biblias de Amberes, y habiéndola leído me complació de tal manera, tanto por su incorruptible doctrina, bella disposición y orden, como por reconocer en ella las mismas Ideas y Concepciones que yo había trazado en mi Encyclie sobre los secretos de la Eternidad, que de repente me sentí impulsado a traducirla a nuestra lengua francesa, para abrir a los nuestros los gabinetes y el Sagrario donde pocos hombres han entrado hasta ahora, y para continuar el servicio que quiero rendir a la Iglesia Católica y a este reino antaño ornado con el título y nombre de Muy Cristiano. Ahora bien, habiendo hecho imprimir la obra lo más correctamente que me ha sido posible, y viéndola preparada para salir a la luz pública, he pensado que debía dedicar y consagrar esta versión a vos, Señor, más que a ningún otro, tanto porque ha sido hecha en parte en vuestra casa de esta villa de París como igualmente en consideración a muchos otros beneficios y honestas cortesías que jamás me habéis escatimado, junto a vuestra observancia y amistad.





Portada de la traducción de Guy Le Fèvre de la Boderie
de la obra Harmonia Mundi de Francesco Zorzi.
Editada por Iean Macé, París, 1579.


Además, este hombre de letras tradujo del latín al francés tres obras de Ficino: el Discurso del honesto amor sobre el Banquete de Platón (1578) dedicado a Margarita de Valois, De la religión cristiana (1578) y Los tres libros de la vida (1581). También el Discurso sobre la dignidad del hombre de Pico de la Mirandola, los Himnos Orficos, a Dante y Petrarca, y de Cicerón De la naturaleza de los dioses (1581). Y además, de Jerónimo Muñoz, tradujo su Tratado del nuevo Cometa (1574). Con ello vemos que Guy bebió directamente de las fuentes sapienciales e iniciáticas de la tradición hermética y cristiana, lo que le hace decir de nuevo a Rosanna Gorris:484

Guy, tal como lo han demostrado los trabajos de D. P. Walker fue uno de los autores franceses del siglo XVI más profundamente influenciado por las fuentes de la Prisca Theologia. Este aspecto central de su filosofía e igualmente de su poesía (Guy se consideraba, al igual que Ficino, un poeta theologus) está confirmada por las numerosas referencias a la Opera de Marsilio Ficino. El neo-platonismo florentino, sobre todo las concepciones de Ficino, de Pico (al cual dedica el poema LXXXIII), de León Hebreo al que cita (Poema XXXV, v. 43), se leen a lo largo de todo el texto. Por otra parte, ¿cómo la poesía del más grande traductor de Ficino en Francia no se podría haber nutrido del pensamiento de este magister que se incluyó a sí mismo en el linaje de los Prisci Theologi, tal como Guy deseaba ardientemente hacerlo?

Guy debe también mucho a esa corriente de ideas que F. Secret ha denominado Kabbalismo cristiano y que ha conocido su verdadera edad de oro en Italia en el siglo XV.

Y por supuesto, como acabamos de ver, se nutrió también de la tradición hebrea, que conoció de primera mano fundamentalmente a través de su maestro. De Postel recopió su Le Thresor ou recueil des prophéties de l’univers, que se refiere a temas de astrología y magia desde el punto de vista de la Cábala, tradición de la que está impregnada toda la obra de Le Fèvre,485 que como sabemos incluye prosa, poesía y esas traducciones acompañadas de valiosos prefacios. Justamente del que escribe para su versión francesa de Harmonia Mundi –la cual al parecer le llevó casi tres años de trabajo–, iremos extrayendo numerosos fragmentos, aunque en realidad todo él sea una joya. Trabajaremos con la versión de 1579, que hemos conseguido gracias a una búsqueda realizada por el servicio de préstamo interbibliotecario de la Universidad de Barcelona, que agradecemos en estas páginas.486

Valga aquí nuestra denuncia sobre el silenciamiento caído sobre muchos de los textos que estamos rememorando, que la oficialidad de los pretendidos estudiosos de la historia, la filología, y las ciencias y artes en general han ido ignorando y despreciando, ofreciendo desde hace siglos sus versiones cada vez más tendenciosas, particulares y disminuidas del vivir y pensar del ser humano, matando con ello la verdadera intelectualidad y negando a los hombres y mujeres contemporáneos la posibilidad de conectar con la esencia del Pensamiento y la Sabiduría eterna expresada en los escritos de sabios como los que estamos visitando.

En dicha introducción, Guy Le Fèvre, tras exponer que Giorgi ha organizado su magnífica construcción siguiendo el modelo arquetípico del Cosmos ideado por la Sabiduría y la Inteligencia, destaca la preeminencia de la herencia judía, pilar fundamental de la cultura de Occidente:

Para convencer a los descreídos e impíos que prevalecen en todas partes, ha querido servirse [Giorgi] no solamente de razones naturales, sino también de las autoridades y testimonios tanto de los nuestros, es decir, de los doctores Cristianos, como también de los extranjeros Hebreos, Caldeos, Egipcios, Persas, Arabes, Griegos y Latinos, para no dejar ni una afirmación sin probar debidamente. Por este motivo, ha querido demostrar una cuestión al principio del primer Cántico: que todo Cristiano que quiera disputar con Pagano, Bárbaro, Filósofo, Mahometano o Judío, o de cualquier otra secta que pueda haber, siempre debe poner por fundamento la antigüedad, autoridad y primacía de Moisés y de los Profetas Hebreos por encima de los demás Filósofos o autores que haya habido ya que, como dice san Pablo, ellos han recibido el crédito y la preeminencia de que se les haya otorgado y dado en depósito los oráculos de Dios, con el fin de demostrar por este medio que cualquiera que quiera hablar dignamente de Dios, de la Creación del Mundo y de su Providencia admirable en la administración y gobierno del mismo, debe apoyarse en la autoridad y los testimonios de los santos personajes y Profetas inspirados por el espíritu de Dios. Pues donde las alas de la naturaleza desfallecen, es necesario tomar las de la Gracia, y donde la luz natural vuelve a taparse y se ciega, es necesario solicitar la luz infusa y divina.

Más adelante, nos habla de los grados de la Manifestación y de la escalera cósmica, en clara sintonía con la doctrina cabalística:

Vuelvo a mi propósito para decir que nuestro autor, en todo el largo discurso de su obra, ha seguido siempre la cadena y sucesión de las causas, ascendiendo primeramente, como he dicho, por las cuatro gradas de la escala de la naturaleza. Después entra en la escala de Jacob, cuya imagen está grabada en el Trono de la Gloria. Según la opinión de Moisés Egipcio (del cual, por su singular erudición y conocimiento, es común y vulgar este proverbio entre los Hebreos, ממשה ועד משה לאהוה כמו משה Mi Mosçeh veaad Mosçeh lo hauah chemo Mosçeh, es decir, "Desde Moisés hasta Moisés no ha habido nadie como Moisés"), esta escalera tiene también cuatro escalones y no sólo contiene los cuatro Elementos y los cuerpos que se componen, sino también las Esferas (…). En los Angeles que ascienden y descienden por esta escalera, ve representados a los Profetas, los cuales suben hasta la divinidad por la sublimidad de su Profecía alcanzando ciertos grados, y después descienden cuando la manifiestan, y enseñan a las criaturas la vía del Señor eterno.

Las palabras de este prefacio reafirman cada vez más la estafa de que somos objeto, pues éstas sí son verdaderas enseñanzas, iluminadoras del alma, la savia del universo, el néctar que lo regenera, y no todas las sandeces que nos inyecta ese complot organizado por una pandilla de individualidades –conscientes algunas y otras menos– puesta al servicio de las fuerzas más disolventes del universo. Pero sigamos con el testimonio de este hombre que conociendo el estado de la cuestión, se abrió a la universalidad del Pensamiento y de las Ideas, y siguió transmitiéndolas con un gesto gratuito, de modo ritual:

Lo que hizo que esto que cayó en mis manos me fuera cada vez más agradable, pues reconocí en ello que mis concepciones se correspondían muy bien con las del autor y en verdad esto me animó a traducirlo. Pues hubiera podido emplear esos casi tres años de tiempo que dediqué a ello a invenciones propias o bien a versiones de antiguos libros hebreos, caldeos o siríacos que me habrían aportado más honores y renombre, si no hubiera preferido a mi honor y provecho particular, el provecho y la utilidad que espero que se desprenda de esta obra para Francia. En la concordia de la economía de la casa de Jacob y la Iglesia de Israel con la casa y la familia Apostólica se descubre, a quien quiera mirar de cerca, el secreto de la Teología revolutiva y profética, en la cual se afirma que el Abad Joaquín fue más excelente que todos los demás; el Conde de la Mirandola solía decir de él que había leído en el libro de la vida. Y en verdad, quien comprenda bien la concordancia entre el antiguo y el nuevo Testamento así como la concordia de la Astronomía con la Geografía, podrá penetrar fácilmente en la búsqueda y el conocimiento de los más profundos secretos y misterios de la escritura santa, incluso llegar a ver como de lejos y desde una atalaya elevada algunas sombras y oscuras apariencias del restablecimiento de la Iglesia tan deseado por todas las gentes de bien. Pues leyendo a los profetas canónicos de los Hebreos y remarcando las amenazas o promesas que le fueron hechas al pueblo de Israel, (pueblo peculiar y escogido por el Eterno en su reparto entre todas las naciones, el cual es la verdadera figura de la Iglesia Católica, que extiende el dominio de Judea o Tierra Santa sobre toda la tierra habitable dividida, por así decirlo, en doce Patriarcados, tal como Judea lo estaba en doce Tribus), uno encontrará fácilmente, por la concordia del antiguo y del nuevo Testamento, por la continuidad de los tiempos y las historias y por la Geografía, no sólo algo de lo que ha pasado después de ser escritas las citadas profecías, sino también de los acontecimientos futuros que se hallan significados y trazados bajo el velo de las palabras oscuras y misteriosas.

Y lo que hizo fue cantar de la mejor manera que pudo y supo la posibilidad de la restitución del orden arquetípico, función que creyó debía asignarse en esos momentos a la auténtica Iglesia católica,487 que no era la del poder mundano de la jerarquía anquilosada y mezquina, sino la conformada por una verdadera entidad que encarnara al Cristo interno. Por eso el prólogo de Le Fèvre de la Boderie, tocado por la inspiración de las Musas, al igual que toda la obra de Giorgi, es un canto a la anhelada actualización de la unidad del Ser, que sólo se alcanza si se realiza en el interior de uno mismo:

Pero, ¡ay!, esta concordia y Armonía del Alma y el cuerpo juntos es muy difícil de mantener y conservar con un buen temperamento de los cuatro humores, que son las cuerdas de la Salvación, y con el Cuaternario del Alma, que es el Tetracordio del hombre interior, y todavía mucho más difícil mantener la concordia de ambos juntos con la suprema y divina Tetraktys (Tetractyde); si el gran Espíritu armonioso (que templa, acuerda, que une la misericordia y la justicia en el Arquetipo, y que como dice Job, hace la paz en los altos lugares; que armoniza los Angeles, concuerda el baile y la danza de los Cielos medidos, mantiene la mutación y las vicisitudes de los cuatro Elementos por acuerdos discordantes o por la Discordia acordada, como dijo Empédocles), si este Espíritu de amor y de unión no se entona en la Roseta de nuestro Laúd o Guitarra y produce la dulce consonancia de las Virtudes y los Himnos, Cánticos y motetes espirituales, que continuamente debemos salmodiar de espíritu y pensamiento, cantar de corazón y de boca, celebrar en versos numerosos y armonizar para dar gracias a aquél de donde procede toda verdadera concordia y armonía, en vano intentaremos alcanzarlo. Pero si le place aspirar nuestro deseo e inspirar en nuestro interior, entonces seremos los eslabones de voz y de alma sana de su cadena. Y como su divino arpista, bajo los siete dones y emanaciones de su santo Espíritu, los siete brazos del Candelabro que está por encima del mundo, los siete espíritus que asisten ante su Trono, por las siete Iglesias de las cuales hace mención san Juan el Paraninfo o… Sosbina (como dicen los caldeos), del Esposo y de la Esposa, y los siete sacramentos que riegan el jardín de la Iglesia, nosotros haremos clamar las siete voces del Eterno, que resuenan altamente en el Salmo 29 de David. Estas siete voces, según los secretos de los Hebreos, infunden la virtud a los 72 nombres divinos, los 72 asesores del gran Consejo, los 72 Angeles gobernadores de las 72 Naciones o pueblos. Pues cuando דבור Dibour, la Palabra, sale de la boca de la שכינה Shekinah, la Gloria cohabitante, se expande en siete voces, y las siete voces en 72 lenguas. Y por ello cada pueblo y nación oye la palabra, porque se reparte entre los 72 pueblos.

En verdad, detrás de este hombre sumamente discreto, muy católico en el sentido de universal, del que poco se sabe de su vida particular,488 se esconde un gran vate o poeta. De sus obras L’En­cyclie des secrets de l’Eternité (editada por Plantino en Amberes, 1571) y Les Hymnes eclesiastiques, Cantiques spirituels et autres meslanges poetiques (por Robert le Mangnier, París, 1582) queremos ofrecer unas muestras del poder evocador de sus poesías,489 teñidas por la doctrina cabalística y platónica, en unas traducciones castellanas en versión libre. Esta primera de la Encyclie, donde siguiendo el camino desde Malkhuth a Kether asciende por las sefiroth del Arbol de la Vida:

Y este bello Tabernáculo tan bien preparado – En tres estancias plenas justamente separado, – Está encortinado por diez tiendas alzadas, – De lino, púrpura, jacinto y de rojo trenzadas.

Y el visible mundo está cubierto y tapizado – Con diez cielos azula­dos…

Pero más allá del horizonte donde la imagen en movimiento – Que sigue a la Eternidad, va en su interior incubando – Siglos, y años, y meses, semanas, días y horas – Son las diez sefiroth de las diez mejores esferas.

Las diez luciendo hábitos como relámpago fulminante – Del que antaño se vestía el Eterno omnividente, – Cuando arrancaba la fecunda simiente – Del vientre del caos del que el mundo fue formado: – Las cuales hizo expandir en torno a sí – Desde el centro de esplendor, del cual solo quiere gozar.

No es otra cosa lo que se ve (si razón me dispensa – De comparar la Nada al Ser, sin ofensa) – En el gusano al devanar una dorada espesura – En torno a sí para hacer su clausura.

Y así como de rango diferente aquellas cortinas – Ellas tienen nombres diversos en las letras divinas.

Letras, acentos y puntos, los rayos ideales – Por los que vemos la gran palabra invisible.

La primera cortina o bien sefira esférica – Empezando de abajo como en línea espiral – Se enrolla en muchos pliegues, y varios nombres recibe – Como en diversos efectos un hombre la concibe: – Tan pronto es el Reino, y tan pronto se la denomina – La piedra de Zafiro, la Esposa toda bella, – El Pozo de las vivas aguas, y el profundo Mar – Donde ríos y riachuelos se vienen a abismar: – La tierra de los vivos, y el Libro de la Vida, – El árbol de la ciencia, que el hombre tanto deseaba: – La Reina de los pájaros, Aguila de dignidad, – Y la Habitación de la divinidad.

La segunda su nombre sobre el Justo funda: – Porque sólo el Justo es fundamento del mundo.

También se denomina el buen Entendimiento, – La Memoria, la Paz y el Mandamiento: – El alto monte de Sión, la Alianza y el Signo, – Y el día de reposo entre los siete insignes.

La tercera es la alabanza, y el Rey sin par, – La Columna de la siniestra y del Consejo el Lugar.

La cuarta es también llamada del consejo el Pretorio; – Columna del brazo derecho, el Preste y la Victoria.

Pero la del medio, donde reluce profundo – El nombre de cuatro letras impronunciable, – Se reviste de Ornamento, y Belleza admirable, – Y del árbol de la vida al hombre deseable.

En ella está recostado uno de los Padres que vio – La escala tocante al cielo que su alma raptó, – De donde los ángeles benditos ascienden y descienden – Al grado del Eterno del que ellos sólo dependen. La sexta se llama Fuerza y Verdad, – Aquilón, Juicio, Mérito o Pureza: – Se viste además de Estremecimiento y de Temor, – El símbolo de Isaac que es el alma oprimida.

El Isaac superior llevando la propia madera – Que el ardiente fuego de amor quemó sobre la cruz.

La séptima contiene la Misericordia toda, – El Amor, el mediodía, y de Abraham la ruta.

El octavo cielo esférico de Prudencia vestido – Es la gran Trompeta, y el gran Jubileo, – La Fuente y Surtidor que con agua viva riega – El blanco monte del Líbano de donde debe venir la Esposa.

La novena más alta de Sabiduría rodeada – Es de Pensamiento profundo y de Voluntad ornada: – Pero la que en Sí envuelve a las otras – Se denomina el Oriente, la Nada y la Corona.490

Quizás ya se habrá apreciado que la obra de Guy sigue los senderos de la alquimia interna491 –que se hará mucho más evidente en uno de sus discípulos, Blaise de Vigenère, del que ya hemos hablado en el capítulo de "Cábala y Alquimia"– lo que igualmente se pone de manifiesto en la simbólica del gusano y la mariposa que protagoniza otro de sus poemas, en este caso perteneciente a la obra Himnos el cual dedicó a la Virgen, tema cuya connotación iba mucho más allá de la religión y que adquirió un profundo significado esotérico, equiparándola a la Shekinah492 o divina inmanencia:

Pero yo quiero hacer volar por el mundo – Del gusano de seda salida en huevos a resguardo – La Mariposa que hace su tienda redonda…

El gran Hebreo que encontró la entrada – Del arquetipo donde vio radiantes – Diez sefiroth que cubren – El Tabernáculo donde está el Dios de los dioses, – Diseñó antiguo el Tabernáculo – Imitando a la Mariposa mística.

Cuando sobre el monte se le descubrieron – Los grandes secretos que relata en los desiertos.

El obrero único que construyó la arquitectura – Del Pabellón del triple mundo hueco, – Del gusano de Adán, primera criatura, – Que mató a todos sus hijos y sus nietos, – Ha suscitado la Mariposa única, – Y por David real cantor lírico, – Ha restablecido entre los hombres siervos – El Tabernáculo que había caído del revés – Y que en el espíritu de la Virgen se funde: – Donde el Espíritu santo anima las venas y los nervios – A la Mariposa que hace su tienda redonda.493

Y en este mismo himno, dice en otro momento:

¡Oh humilde! ¡oh santa! ¡oh casta! y pura en todo, – Que has ligado un extremo al otro, – Tu eres el nudo y el verdadero himeneo – Que ha conjugado la tierra con el divino cielo, – El hombre finito con el Dios infinito, – La Eternidad con nuestra infancia nacida – ¡Oh Pabellón del Tabernáculo grande! – ¡Arca del Arca! O predio que comprende – Lo que el cielo en sí comprender no puede.494

Esto en cuanto a la pequeña selección que hemos realizado de escritos en los que Guy expresa más directamente sus experiencias espirituales e iniciáticas, aunque este personaje tuvo también una vertiente más externa en la que igualmente hizo gala de sus conocimientos sobre la lengua y la cultura hebrea, que se concretó en su colaboración en la Biblia políglota de Amberes (1569 y una segunda edición de 1573)495 que editó Plantino,496 publicación en la que Postel no pudo participar directamente pues estaba ya marcado por el escándalo de sus profecías, pero sí lo hizo a través de los dos discípulos que estamos tratando, los cuales compartían además con su maestro la visión simbólica y tradicional de la historia, que hacía del pueblo galo descendiente de uno de los nietos de Noé, hijo de Jafet, ancestro siempre invocado por los druidas, los chamanes de esta tradición. Claro está que este es otro de los temas negado o desvalorizado por el oficialismo cientifista y clerical, pues el primero sólo acredita en los experimentos y hallazgos, siempre relativos, de esqueletos que nos vinculan a antepasados simiescos, y el segundo, o sea la curia, se ahoga en la literalidad de los textos y en el exclusivismo religioso que excluye todo lo que considera ajeno a su rigidez dogmática. Pero ni unos ni otros valorizan los escritos sagrados como los depositarios de claves simbólicas (astronómicas, geográficas, numerológicas, lingüísticas, etc.) que expresan más o menos veladamente la doctrina de los ciclos cósmicos, sus revoluciones, períodos, proporciones, y la idea que esa doctrina se transmite de era en era gracias a la revivificación de sus hombres de conocimiento, sabios y teúrgos que a través de la enseñanza iniciática perpetúan el conocimiento de las claves inmutables del universo.

Pues bien, en su obra titulada La Galliade o de la revolución de las artes y las ciencias (1578-1582),497 Guy Le Fèvre, siguiendo las investigaciones de Postel que con anterioridad también centraron el interés de J. Thénaud, expone la pervivencia del pensamiento mítico que hace del pueblo galo un heredero espiritual de la tradición antediluviana detentada por Noé, cuyo nieto llega a estas tierras y transmite los saberes arcanos a los seres humanos de este nuevo periodo de la humanidad; y lo expresa con estas palabras:

Pues la he nombrado Galliade, no para imitar Ilíada-Eneida ni otros poemas e invenciones tales tomadas en préstamo de las fábulas enmohecidas de los Griegos o de los viejos Romanos, sino porque he intentado tratar sobre la revolución de las artes y las ciencias, y a la vez, recopilar los honorables testimonios y muestras de la antigüedad que todos los buenos autores de casi todas las lenguas y naciones dan sobre los antiguos Galos, nuestros mayores y predecesores, a los cuales atribuyen la invención de las artes, disciplinas y escuelas públicas del continente tras el Diluvio universal. Tomo prestada la etimología y deducción de Galliade del verbo hebreo Galal que significa replegar y devolver; y por tanto he dividido y distinguido la obra entera en cinco círculos.498

De los cuales, de manera resumida dice:

El primer círculo contiene sumariamente el inicio de la tierra habitable, tanto del continente como de las islas de los hijos de Noé; al componerlo he procurado volver a casar el cielo con la tierra, es decir, atribuir a cada región terrestre el propio y particular signo celeste que la gobierna, y por la etimología y virtud del nombre de cada uno de los fundadores susodichos…

En el segundo círculo he tratado de la arquitectura…

En el círculo tercero hablo particularmente del saber admirable de nuestros druidas en el conocimiento de todas las disciplinas, hasta la cumbre y grado superior de la magia natural y la facultad de predecir las cosas futuras. Y como de pasada he subrayado algunos puntos de la magia reprobada y condenada…

En el cuarto círculo, he tratado de la música y armonía tanto del mundo arquetípico, celeste y elemental como del hombre o pequeño mundo y de los efectos maravillosos que ella produce.

Finalmente en el quinto y último he tratado de la poesía, que aunque la haya incluido entre las artes y las ciencias más bien parece un santo furor y una elevación del espíritu.499





Frontispicio del libro de Guy Le Fèvre de la Boderie, La Galliade.
Editado por Guillaume Chaudiere, París, 1578.


No podemos detenernos en este tema tan importante; únicamente apuntar que sus investigaciones se apoyaron en el estudio etimológico de muchos términos franceses afines a palabras hebreas, lo que puso al descubierto concordancias bien sorprendentes, además de dedicarse a descifrar las escrituras sagradas aplicando los métodos de la Cábala (esto es el Tseruf), textos en los que como hemos visto muchos otros sabios hallaron el trazado de las claves de todo lo que ha sido, es y será. Sólo agregaremos unas anotaciones de Nicolás Le Fèvre en las que confirma lo que venimos exponiendo. El hermano pequeño de Guy escribió mucho menos que éste. De hecho, Secret apunta que su única obra conocida es Ad nobiliores linguas communi methodo componendas Isagoge cui accessit De litterarum hebraicarum laudibus oratio (1588), en la que elogia la lengua hebrea, y a decir del erudito contemporáneo,

anuncia el fin de Babel, apoyándose en las profecías y las consideraciones astrológicas. Esperando que se realice el anuncio de Sofo­nías, "Pues entonces daré a los pueblos labios puros, a fin de que todos invoquen el nombre de YHVH y le sirvan de común acuerdo", hace falta ayudarse con el estudio del hebreo para hacer crecer la semilla lanzada por el divino agricultor. Ya el Santo Espíritu está en la obra que convierte, purifica, ilustra y perfecciona nuestro hombre interior, para que de alguna manera el Cristo renazca en nosotros, hasta que lleguemos a la edad viril. (pág. 119).

Y es claro que Nicolás (1550-1613) también conoció y estudió a fondo la lengua hebrea, pues en una disertación que se incluye en la traducción que realizara su hermano Guy a Harmonia Mundi de 1579, da muestras de su elevada interiorización de la tradición greco-latina y hebrea, o sea, que él también participó de esa visión sintética a la que nos estamos refiriendo en este capítulo, y de la función intelectual destacada de las enseñanzas de la tradición judía. Su prefacio lo titula así: El corazón לב Leb o los 32 senderos de la sabiduría. Discurso muy útil para entender y exponer las santas escrituras, por Nicolás le Fèvre de la Boderie hermano del traductor. Pero empezaremos por citar su parte final cuya recapitulación es la exposición de todo un plan de estudios para acceder al Conocimiento:

En fin, cuanto más uno busca tanto más uno encuentra, y cuanto más uno encuentra tanto más uno reconoce como Sócrates, que no sabe nada. Hemos surcado hasta aquí las olas de la escritura empujando nuestra nave por todos los puertos, radas, golfos y estrechos a los que la bonanza favorable nos ha llevado, y donde el faro de las estrellas relucientes en el Cielo de la Iglesia nos ha conducido. Falta, pues, otra tierra nueva, otra isla y comarca que no se presta a ser descubierta en el presente (aunque los Teólogos hebreos aseguran que los sentidos de la escritura se pueden variar en 72 aspectos) más que si retomamos el rumbo de nuestra navegación y mostramos ordenadamente uno tras otro los mares y los pasajes donde hemos sumergido los remos.

Cuando embarcamos, descubrimos el sentido literal e histórico. A partir de ahí recorrimos la llanura de la doctrina moral, donde echamos el ancla en el primer viaje. Luego nos lanzamos a mar abierto, donde encontramos la Alegoría dividida en cuatro brazos principales, el histórico, el mundano o filosófico, el figurado y el simbólico, cada uno de los cuales se divide a su vez en diversos golfos y estrechos. El histórico, en tropología, contemplación y anago­gía, la cual tiene dos embocaduras, a saber, la teología afirmativa y la negativa; el mundano se divide en natural, celeste e intelectual; el figurado, en tantas vías como dones del Espíritu Santo hay, es decir, siete, que se nombran más adelante. El simbólico se subdivide y despliega sus velas, de un lado, con la Matemática, y de otro con el Alfabeto Hebreo, y realiza su singladura con los números, la Geometría, la Música y la Astronomía, llegando a puerto con el Anagrama, el Tseruf o combinación, el Notaricon y la Guematria, de tal manera que contando los caminos y viajes que hemos hecho, verás que su número se eleva a 32, tantos como senderos de Sabiduría o grados del intelecto nos testimonia el sabio Abraham que existen, justo la suma que está contenida en לב Leb, es decir, corazón, donde Lamed vale 30 y Beth 2; y es de estos caminos y grados de los que parece cantar David cuando dice que ha colocado escalones o elevaciones en su corazón. Y de nuevo, irán de virtud en virtud hasta llegar a Sión. Esta puede ser la escala que Jacob vio en Bethel, que es la Sabiduría y la Casa de Dios. Son los 32 dientes por los que el hombre interior y espiritual muerde y mastica el pan de la palabra santa: y como resulta que en otro sentido ellos significan las virtudes adquiridas, no hay que maravillarse de que concuerden en número­ con el corazón que es su raíz y fundamento. También lo confirman los 32 nudos de las manos, que son las ejecutoras de nuestros mandamientos, e igualmente lo indican los de los pies, que son las afecciones y movimientos que nos conducen al buen hacer; por este medio el corazón, los dientes, las manos y los pies, o mejor, el entendimiento, el hablar, el hacer y el querer designados por esos órganos, concuerdan y se entrelazan en nosotros con una maravillosa e increíble armonía, a fin de que estando unidos, ofrezcamos a Dios en nuestra potencia y libre albedrío, sobre el altar de nuestro corazón, todas nuestras acciones, propósitos y deseos santos en un sacrificio voluntario, y cuando se haya cumplido en el sacerdocio la Realeza, la Judicatura y la comunidad de que se compone el cuerpo místico de nuestro Señor Jesucristo, bien podrá decirse que todas las cosas habrán alcanzado su fin y felicidad.

Toda una didáctica para enseñar a pensar, que va de lo exterior a lo interior, de lo exotérico a lo esotérico, de lo literal a lo simbólico, en clara consonancia con los cuatro planos del Arbol de la Vida. Y nos preguntamos por qué no se seguirán haciendo adaptaciones de estos textos para enseñarlos en las escuelas. En este de Nicolás se reexplica con claridad la doctrina pitagórica (el sentido interno del número; la unidad como principio de todos ellos; después los números pares, impares, simples, compuestos y sus correspondencias geométricas, y todo ello referido a su significación Ideal), además de exponer los fundamentos de la lengua santa y todas sus combinaciones y posibilidades para explorar y navegar con y en el Pensamiento. Así asegura:

Hasta aquí hemos seguido principalmente las huellas y rastros de los Griegos y de los Latinos, explayándonos tanto en el orden y la belleza de la naturaleza por muchos y diversos caminos, como en el artificio numeroso de nuestro entendimiento por las palestras y las carreras del carro de cuatro ruedas; pero ahora, si queremos volver a mirar más de cerca la verdad y ser introducidos en el corazón del Templo para adorar y contemplar con maravilla al santo de los santos, tenemos que penetrar con los hebreos viajeros en algunos senderos desconocidos, inusitados, que pocas personas han frecuentado hasta ahora, las cuales han pasado por ellos, o más bien han franqueado tan ligeramente que apenas subsiste para los ojos débiles e inseguros el más mínimo vestigio o huella de las plantas de sus pies. Nos esforzaremos sin embargo, con la ayuda de quien abre lo que no se puede cerrar y cierra lo que nadie puede abrir, en serviros de guía y escolta por estos caminos nuevos y no trillados tanto como la huella y la marcha de los que los han recorrido nos puedan guiar. Además de los géneros antes expuestos que los Hebreos tienen de común con los Griegos y Latinos, hay todavía otros que les son propios y peculiares, a los cuales es imposible aproximarse sin el conocimiento de la Gramática Hebraica, porque toda la obra y práctica de este artificio está cubierta y escondida ingeniosamente bajo las letras del Alfabeto y bajo las sílabas y las dicciones que se componen de ellas; lo cual parecerá, bien lo sé, ridículo y supersticioso a aquellos que no estiman más que lo que saben y entienden, y que muy frecuentemente consideran sospechoso y prohibido lo que no entienden; y menos aún lo quieren saber, por miedo a confesar tácitamente que haya quienes tengan lo que ellos pueden poseer y que sea alguna cosa ventajosa. Sin embargo, si ellos recordasen que Adán, en el estado de inocencia e integridad, impuso a los animales y otras criaturas nombres propios según la naturaleza de cada uno; que Moisés recibió las tablas de la ley escritas por el dedo de Dios, de cuyas palabras está escrito que el pueblo las vio y no las escuchó; que Dios, a través de sus Angeles, es autor de esta lengua, que siempre ha permanecido casta, santa e inviolable, mientras que las otras que han surgido de ella se corrompen continuamente, y han sido introducidas como venganza y castigo de la arrogancia y la presunción humana; que Cristo, autor y restaurador de la naturaleza, conocía la Ley y los Profetas en este idioma y lengua sin haberlos aprendido; que sus discípulos y trompetas en el día de Pentecostés y Quincuagésimo, cuando fueron bautizados con el Espíritu Santo, empezaron a hablarla de manera que, aunque todos fueran galileos, los judíos de todas las naciones que hay bajo el cielo, reunidos en Jerusalén, los entendían cada uno en su dialecto y manera de hablar, no encontrarían extraño ni fuera de razón, pues tan divina y misteriosa es la Lengua Santa de nuestros Padres incluso en sus primeros elementos, que la misma Sabiduría y Verdad eterna dice que la ley debe ser como anatomizada e investigada hasta una sola iod, que es como un pequeño punto, la menor de todas las letras, su madre y matriz, el fin y el principio de los miembros. Si los Gimnosofistas y sabios de Etiopía sabían describir y representar todas las cosas con sus marcas Jeroglíficas, si la disciplina de Pitágoras era toda ella enigmática y llena de símbolos, ¿hay que sorprenderse de que el Espíritu de Dios, que ha escrito e impreso en el alma de los santos personajes los Oráculos y misterios de la Ley, haya podido hacer en esos caracteres hebreos de los cuales es inventor lo que nosotros admiramos en la invención e industria de los hombres? ¿mas por qué tendría que entretenerme más tiempo probando lo que los hechos y la experiencia pueden mostrar?

Y después de este toque, motivo de meditación, continúa explicando con precisión el conocimiento que emana del Sefer Yetsirah, que se ve que interiorizó, dando numerosas pistas y ejemplos concretos de cómo funcionan las combinaciones y permutaciones de letras y números, abriendo así ante el buscador las vastas posibi­lidades del universo y sus recreaciones indefinidas; labor, como hemos­ visto, desempeñada por los auténticos traductores e intérpretes de la tradición, que estos dos hermanos encarnaron con discreción, entrega, convencimiento y generosidad.

Agregaremos que otros personajes participaron de dicha tarea en mayor o menor grado; de hecho, en Francia hubo un nutrido grupo de estudiosos interesados en estos conocimientos que contribuyeron a difundir de una manera u otra. Por ejemplo, Gilbert Génebrard (1537-1597), del que el ya estudiado Blaise de Vigenère, dice:

Sería demasiado ingrato y despreciativo hacia todas estas cosas y hacia la parte más principal de esta obra si silenciara aquí, cuanto me ha ayudado, socorrido y encaminado una de las más claras luces de nuestro siglo, y puedo decirlo sin ofender a nadie, en lo que se refiere a toda suerte de buenas letras y disciplinas, perfecto conocimiento de las lenguas hebrea, siria, caldea, árabe y griego, el señor Génebrard, doctor en teología y lector del Rey en hebreo, cuya santa vida y doctos escritos que ha producido, a pesar de no estar sino en la flor de la vida, además de las constantes prédicas y lecturas cantan sus alabanzas mucho mejor que lo que nosotros pudiéramos explicar; y después el joven señor de la Boderie, Nicolás Lefèvre, hermano de Guy, renombrados en las mismas lenguas y doctrinas y bastante conocidos por sus obras: por lo cual son objeto de admiración, no sin razón, de mucha gente, aunque sus méritos estén poco reconocidos. (La Kabbala cristiana…, op. cit., pág. 226).

Aunque gran hebraísta, este erudito se mostró en principio muy crítico con la Cábala, pero después de sus numerosas lecturas y contactos,500 manifestó una cierta aproximación a su pensamiento. Se ve que Génebrard leyó a Pico y a Reuchlin, a Giorgi y a los hermanos Le Fèvre, a Heredia y Galatino, y los textos del Zohar, Sefer­ Yetsirah, etc.; además fue un prolífico traductor de libros hebreos­ y su pronunciación de la lengua santa causaba admiración entre judíos y no judíos.

Paradójicamente, con estas dedicaciones, e incluso a través de sus dos libros Cronología y Tratado de la Liturgia en los que critica las enseñanzas cabalísticas, coadyuvó a preservarlas en su medio, lo cual nos hace ver que no en todos esos personajes se dio una verdadera encarnación de la doctrina, pero ello no resta mérito a sus labores más exteriores para dar continuidad a un mensaje harto criticado por quien lo mira con ojos profanos, pero que es fuente inagotable de sapiencia para la realización espiritual-intelectual de los iniciados.


Próximamente: Jacques Gaffarel (1601-1681)


NOTAS
481 Guy Le Fèvre de la Boderie, Diverses meslanges poetiques. Edición crítica a cargo de Rosanna Gorris. Ed. Droz, Genève, 1993, pág. 11-12.
482 Fragmento incluido en: F. Secret, L’ésotérisme de Guy Le Fèvre de la Boderie. Librairie Droz, Genève, 1969, pág. 67.
483 En el ya referido prólogo se nos informa también que: "Guy ofrece su Traicté du nouveau Comete a 'Monsieur Desprez Capitaine des Enfants de Paris'. Este burgués parisino en cuya residencia muy probablemente se alojó el poeta, era uno de los miembros franceses de la Familia del Amor, y hacia el cual Guy parece testimoniar una gran amistad, tal como lo confirma el soneto liminar en el que se amalgaman la astronomía, el profetismo y la cábala" (L'ésotérisme de Guy…, op. cit., pág. 25-26). Para conocer esta entidad denominada Familia de la Caridad o del Amor ver notas 491, 496 y 554.
484 Diverses meslanges poetiques, op. cit., pág. 44-45.
485 Se sabe, además, que conoció la obra de Galatino y la de Paulus Ricci, así como los textos cabalísticos como el Sefer Yetsirah, Bahir, Zohar, Puertas de Luz, Puertas de Justicia, Gale Razeia, etc.
486 Arma Artis, París, 1978. Esta publicación también incluye el texto de Pico de la Mirandola titulado Heptaplus, traducido por Nicolás Le Fèvre de la Boderie.
487 De ahí que todas sus obras respiran una cierta apologética cristiana.
488 Aparte de que nació y murió en su tierra natal normanda (1541-1598), que estudió en el Colegio trilingüe de París con Postel, que participó bajo la dirección de Arias Montano en la edición de la Biblia Políglota, que escribió varias obras que referiremos más adelante, que trabajó estrechamente con su hermano menor y que durante un tiempo fue secretario e intérprete del Duque d'Alençon, poco ha trascendido de su individualidad, y aún no se sabe a ciencia cierta si llegó a ser clérigo, o bien un solitario buscador del conocimiento. En todo caso el epitafio que se hizo escribir en su tumba reza así: "Mientras he vivido, siempre he deseado, no amasar tesoros, sino buscar la Verdad".
489 También escribió Diverses meslanges poetiques (1578, 1579 y 1582), con la edición moderna referida anteriormente, que contiene bellos sonetos, odas, elegías y epitafios dedicados a toda una nebulosa de personajes de la corte del Duque d'Alençon y de su círculo de intelectuales. Reproducimos aquí el soneto que dedicó a Pico de la Mirandola y que tituló Al espíritu de fuego de buena memoria Juan Pico, antiguo Conde de Concordia y de la Mirandola: "Así como en la piedra engarzada en el Anillo / Vemos un gran Coloso, o una gran masa / Cuya sombra proyectada en un punto se acompasa, / Aunque la piedra sea una pequeña Esfera. / Y como también vemos que en cada ojo gemelo / Luce toda la Semiesfera del gran cielo que abraza / El fuego, el aire, y el Mar con la Tierra baja, / Y lo que mueve al Fuego, en el aire, la Tierra y el Agua. / Así al pequeño Círculo de tu muy grande Alma / admirable Fénix, Conde de la Mirandola, / Al vivir tu comprendes todo lo que abarcar puede / El Mundo Elemental, y el Mundo de los Cielos, / El Mundo Inteligible, y el Gran Dios de los Dioses, / El Espíritu que los Espíritus de tu corazón extienden". Diverses meslanges…, op. cit., pág. 323.
490 Encyclie, en L’ésotérisme de Guy Le Fèvre de la Boderie, op. cit., pág. 89-91.
491 En este sentido destacamos que Guy Le Fèvre también estuvo en contacto con otros personajes interesados por la alquimia: "Si Guy, a la vista de sus opiniones del poema LVI parece haber conocido días difíciles en la Corte de este príncipe [se refiere a Hercule François d'Alençon], sin embargo tuvo la ocasión de encontrar en ella a espíritus que participaban de su 'búsqueda' de los 'secretos de la eternidad'. El interés por la alquimia y las ideas familistas [o sea, de la Familia del Amor] estaba en efecto bastante extendido en este medio que reunió espíritus tales como el poeta alquimista Clovis Hesteau de Nuysement y los familistas Pierre Porret [hermano de leche de Plantino], Guillaume le Boulanger de Vausmenil [músico]… "Diverses meslanges…, op. cit. pág. 53.
492 Al respecto recogemos de su prefacio ya citado: "Y así (dicen los Hebreos) que el Mundo fue creado por la ה He, letra segunda y repetida en cuarto lugar en el gran nombre de cuatro letras יהוה Iehovah, es decir, por el Hijo, el Verbo y la Sabiduría eterna del Padre, como se percibe en este nombre בהבראם Behabaream. En He o por He el los crea; así lo leemos del Tabernáculo: 'y la Gloria del Eterno llenaba el Tabernáculo'. Pues la He designaba a la Gloria del Señor. Añadamos que la palabra משכן Mishcan, tienda o pabellón, procede del mismo origen que שכינה Shekinah, Tabernáculo de la divina Majestad. Y es esto lo que ha cantado el divino arpista לשכון כבוד בארזנו Liscon Cabod bearzzenu. 'Para habitar la gloria en nuestra tierra': es decir, con el fin que el Tabernáculo de Dios habite en la tierra de nuestros corazones".
493 L’ésotérisme de Guy…, op. cit., pág. 107.
494 Hymnes, fol. 232, en L’ésotérisme de Guy…, ibid., pág. 108.
495 Guy también había realizado la edición del Nuevo Testamento siríaco, el Dictionarium syro-chaldaicum, (Plantino, Amberes, 1572), donde figuran varias entradas sobre términos relacionados con la Cábala, edición realizada bajo las órdenes de Arias Montano. Tenía también la intención de publicar de nuevo Interpré­tation du Candélabre de Moyse de Postel.
496 Editor que se sabe estuvo estrechamente vinculado a la Familia del Amor.
497 Actualmente ha sido reeditada por François Roudaut, Ed. Klincksieck, París, 1993.
498 L’ésotérisme de Guy…, op. cit., pág. 123.
499 Ibid., pág. 127.
500 Entre otros conoció al converso Cesar Brancassius (Abraham de Lunel), abad del monasterio benedictino de Saint André, cerca de Lyon, el cual le enseñó hebreo. De este abad se cuenta que conocía veintidós lenguas. Tuvo también relaciones con Bartholomeus Valverdius, español con conocimientos cabalísticos.